9 de enero de 2018

Trayecto en barco a Mandalay




El barco navega el río Ayeyarwadi-Irawadi

Era noche cerrada, 5 de la mañana, cuando el barco abandonaba Katha en dirección a Mandalay. El rio Ayeyarwadi (Irawadi) era como la columna vertebral de Myanmar-Birmania, de norte a sur, y el barco comenzaba a surcar sus aguas. No se veía absolutamente nada, solo los intermitentes fogonazos de un foco en la proa, lanzados primero a una orilla y luego a la otra dejaban un toque festivo a la noche en el gran río. !Como recordó aquel viaje por el Amazonas de hace ya muchos años, pero con el mismo sistema de navegación nocturna!.
El viajero insatisfecho había llegado a Katha en tren desde el norte, desde Myitkyina. Se encontró con una ciudad relativamente tranquila (todo lo tranquila que puede ser una ciudad asiática). Una ciudad (!como debía haber cambiado!) que acogió a George Orwell a primeros del siglo XX. Allí escribió su libro 'Los dias de Birmania' y, gran parte, está basado en su estancia allí. Varios edificios que aparecían en su escrito siguen en pie (así lo señala el libro-guía) aunque, si bien se imaginó que fueran algunos de los que vio esparcidos por la ciudad, no puede asegurarlo. Ninguno está señalado como tal ni son atracciones turísticas al uso.
En el trayecto del barco tenía puestas sus expectativas para poder avistar algunos, de los pocos que deben quedar, delfines Irawadi, un pequeño cetáceo muy amenazado de extinción. De morro corto y redondeado, caza en lagos y ríos pero su coexistencia con los humanos corre peligro. No pudo verlo en todo el viaje, cosa por otra parte predecible. Ya tenía muchas dudas antes de iniciar su descenso del río.
Según iba amaneciendo, como fondo el ruido del motor (tuc-tuc), la escala de grises y negros aparecía en el horizonte: gris claro el cielo, más oscuro el agua y negras las orillas selváticas o de espesa vegetación. Todo se iba aclarando cuando la luz que filtraban las nubes iban llegando al lecho del río. No apareció el sol en todo el viaje, la neblina permanente y la llovizna constante acompañaron todo el trayecto.
Una joven birmana sube sacos de carbón vegetal al barco

Lluvia suave pero molesta que impidió, seguro, que las lejanas orillas mostraran toda su viveza y vitalidad. Aun así, pudo contemplar muchos hombres en canoas pescando cerca de la orilla, algún rumiante despistado visto de lejos, y pequeños poblados y más cabañas solitarias. El gran barco fluvial paraba de trecho en trecho a recoger pasajeros, toda una maniobra de habilidad sin disponer de un puerto de amarre apropiado. Se enfrentaba a baja velocidad a la orilla, y la ladera servía de freno al barco que luego, a base de motor, conseguía orillarse por completo. Subían grandes paquetes, de no sabe qué, maderas de teca, sofás fabricados también en madera (pesados, por los gestos de los que los cargaban), bultos con verduras, sacos de carbón vegetal, y subían y bajaban pasajeros a través de una tabla que un operario se encargaba de colocar.
El tiempo transcurría lento metido en aquel cuchitril (tuc-tuc, tuc-tuc), supuestamente de primera clase, pues la permanente llovizna impedía disfrutar de la baranda exterior. 
La hora de comer había llegado. El barco se acercó a la orilla, donde un grupo de mujeres esperaban preparadas con todo tipo de viandas y productos. Este mochilero saltó, por primera vez, a tierra para proveerse de un bol de arroz, con carne y verduras (!buenísimo!).
La tarde, más de lo mismo (tuc-tuc). Recogían y dejaban pasajeros, subían y bajaban enseres a la orilla, y la monotonía invadía al mochilero que le hacía ensoñar. 
Era, de nuevo, noche cerrada cuando el barco atracaba en el puerto de Mandalay. Fueron 14 horas de travesía que la permanente llovizna empobrecía el placer vivido. !Pero la naturaleza tiene estas cosas!. Lo que da por lo que quita.

Preparando al viajero el bol de arroz


Copyright © By Blas F.Tomé 2018

7 comentarios:

Independiente Trashumante dijo...

Cómo nos haces soñar con este viaje tan detallado del recorrido por el río, lleno de la vida propia de su curso y de la vida de tus palabras.

igoa dijo...

Bello relato minimalista!
Tu investiga, vive, cuenta...que eso esta cerquita y tengo planeado ir por allí

Pilar (Pipedi) dijo...

Imagino al 'viajero-insatisfecho' en ese 'cuchitril' ensoñando...
Daba para ello las 14 horas surcando el río..., y da para ello tu relato, te lo aseguro, Blas.F.Tomé!
Tuc, tuc, tuc, tuc... Digo, besos, besos, besosss...

¡Buen camino, mochilero!

Pilar

Viajes a India desde Argentina dijo...

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igoa dijo...

Hola, Tigre! Con toda esta confusion en tierras de Paharganj se me habia olvidado que te habia leido en otro cuchitril parecido con bendicut anadido...
Jajaja! La Madre Naturaleza, dices?
Y los hombres, hay que ver lo que nos deparan los hombres. Mi imaginacion no da para tanto! A pesar de un entrenamiento concienzudo, prometido.
Besos

efurom1 dijo...

Bueno Blas, en esta ocasión no has podido disfrutar de un día radiante que acompañe tu travesía. No sé si esa será la tónica general del tiempo allí durante esta estación, pero a mí un día de llovizna como el cuentas no me disgusta.
Saludos desde España!
PD. En unos días sale mi sobrina para Tailandia, con intención de hacer alguna incursión también por Birmania. Si acaso, ya te cuento más adelante...

Carlos el viajero dijo...

Ya sabes que soy de trenes. Pero estos viajes en barco son otra cosa. El ver la actividad comercial y ver la realidad en primera persona de su paso por cada aldea no está nada mal, y sobre todo probar algo de esos manjares culinarios que te ofrecieron. Que aun que sea de arroz con carne, sabe a gloria en esos momentos.
Saludos