13 de mayo de 2009

Viaje -en el tiempo- al frente (1939)

Autobiografía de un cómico (NO publicada)

El tiempo se diluye, callado, sin acontecimientos, con rumores que nos encandilan o nos dejan sin fuerzas para pensar. Se habla de paz, de armisticio. Dicen que Francia e Inglaterra lo proponen y van a tratar de retirar a todos los combatientes extranjeros de ambos bandos. Pero nosotros tampoco queremos pensar, sólo queremos que la vida se vaya consumiendo sin demasiadas emociones. No hay jaleo en el frente, en las trincheras que cubren la defensa de la capital, y eso nos agrada porque no tenemos que estar en guardia constante, ojeando los movimientos del enemigo. Para eso están los puestos de escucha. Tenemos tiempo suficiente para jugarnos al tute los pocos cigarrillos. Comemos mejor, no sé por qué razón, pero las raciones son mayores y pensamos que mejor cocinadas.
Hay más tabaco.

Lo que hace falta, mucha falta, son más putillas. La unidad lleva más de cinco meses sin ser relevada, sin descanso. Muchos ‘nos subimos por las paredes’. Nos masturbamos cuándo y dónde podemos. A estas alturas de la guerra sólo queremos hablar de mujeres. En la próxima guerra, nuestros eximios dirigentes tendrán que pensar más en nuestras impuras necesidades, en los hombres que se consumen en las trincheras, día y noche, zambullidos en esas zanjas entre ratas hambrientas y barro, y mierda y roña y muerte. Tenemos derecho a ejercer nuestra condición de hombres, no solamente a matar, aunque las pobrecillas se morirían de frío, mordisqueadas sus tetas por las asquerosas ratas de trincheras. Violadas y avasalladas por ‘la bestia’ que vive en los hombres, forzados a matar”.


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