6 de marzo de 2009

Los tránsitos, también son viaje

Nada que objetar a una soporífera estancia, en el también soporífero tránsito, en el aeropuerto de Doha (Qatar). Excepto por cuatro panuelos en la cabeza; un burka fino de seda negra cubriendo el rostro de una mujer solitaria; treinta o cuarenta turbantes a cuadros -unos veinte blancos-; una mujer ataviada con un inmenso velo que dejaba ver solamente los ojos, que empujaba un super-carro de bebe (con baby incluido); el paso de un aparente jeque rodeado sospechosamente de tres o cuatro mujeres que le seguian con cierta ligereza,….., este viajero insatisfecho no podría decir que estaba en un aeropuerto arabe.
Un -en apariencia- “cantinflas mexicano” (al viajero le hizo recordar alguna de sus películas) disfrazado de moro, con un largo panuelo caido sobre un lateral del pecho que se elevaba y rodeaba la cabeza para caer de nuevo y pasar debajo de la barbilla, y luego expulsado hacia la espalda con desgana desmedida, fue la imagen mas simpática de los observados pasajeros.
No hubiera sido lo mismo, sin ese “cantinflas moro”, la estancia de este mochilero en Doha. Los aeropuertos de tránsito se convierten en odiosos.
Llega uno, y se va.
Pasea, y la huída se antoja lejana.
Observa, y el aburrimiento hace que la imagen no se consolide.
Qatar no ha entrado en la mente de este mochilero.
Copyright © By BlasFT 2009

1 comentario:

conquense dijo...

"Seco", eres el número uno, contigo no puede ni las hordas moras de esos emiratos supermillonarios, ten cuidado y ni mires a una mora que te hacen el "cuello".