11 de febrero de 2009

En Petra, el marco también cuenta


Llegar al vasto valle de Petra tiene un preparativo previo sorprendente: un desfiladero de rocas arcillosas, que simulaban aplastar al caminante, moldeadas por el viento y la arena pues el agua -muy escasa- nunca las pudo tallar, y de curvas suaves que el jinete-viajero no precisó esquivar, se encargaba de ello el propio caballo, ya veterano en miles de turistas.
El viajero insatisfecho se dejó guiar montado en su caballo-turista y acompañado del palafrenero-turista hasta alcanzar a divisar Petra en su totalidad.
Al finalizar el angosto desfiladero, el sol recibía al mochilero a mazazos. El polvo -sin ventisca- provenía del trajín de los “truhanes” negociantes, asentados bajo lonas. De un salto descendió del caballo y con los brazos abiertos vislumbró y admiró a lo lejos el lugar. De frente, la Tesorería (La Khazneh); a izquierda y derecha, multitud de templos, recintos tallados en la roca. Tumbas esculpidas, a derecha e izquierda.
Todo un complejo, reliquia de una civilización que floreció, pasada, caduca e inexistente: la nabatea.

El marco donde se halla, hablaba de esfuerzo y desiertos; de caravanas y puntos en medio de la nada; de comercio; de negocios y tristes batallas; de empresas artesanas boyantes y, luego, nefastas; de sufrimiento,…., y de ladrones, anteriores a los de Ali Babá y su hermano Kassim.


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1 comentario:

conquense dijo...

"Seco", a lomos de ese jamelgo le pareces a Gengis Kan, aunque también tienes rasgos de Atila, en fin, de cualquier manera te dejaremos en Don Quijote, creo que es lo más adecuado a tus facciones.