1 de enero de 2008

El viajero también se deja engañar

A la ciudad de Mahajanga (en el noroeste de Madagascar) el viajero insatisfecho llegó procedente de Antananarivo (capital), después de un ajetreado y accidentado trayecto -de más de un día (avería, incluida)- entre saltos de bache en bache en un remozado Peugot 504, habilitado y ocupado ora por doce personas ora por quince.
Que ¿cómo entraban?.
Todavía se lo pregunta.
Después de una corta noche y mañana de profundo sueño en un hotel de Mahajanga, este viajero no tenía ganas de hacer grandes descubrimientos. Únicamente pasear por la pequeña ciudad. Hasta en eso es diferente Madagascar, sus calles llegan a ser interesantes.
Pasear, pasear, pasear, paseaaaaar….
Pero otro interés al del viajero-despistado tiene el hábil joven local. Ve negocio en cuanto asoma en la lejanía de la calle el blanco barbudo, a quien observa pasear sin rumbo por las calles polvorientas, cercanas a su hotel salvavidas.
No siempre es fácil desentenderse del incansable y simpático buscavidas, de los muchos que hay por las veredas y caminos africanos. A veces por simpatía, a veces por aburrimiento el mochilero deja que el villano (vecino del estado llano en una villa o aldea) decida cómo debe pasar la jornada.
En aquellas calles polvorientas cualquier emprendedor negocio turístico parecería alejado de cualquier viajero, pero si el buscavidas se lo sabe montar, podría organizar un recorrido por los alrededores que difícilmente realizaría una persona por sus propios medios, a no ser que el tiempo le olvidara en la ciudad un par de semanas.
Encomendándose a la buena voluntad del caza-turistas, el descubridor-viajero tuvo algunas veces posibilidades de descubrir ya parajes inolvidables.
No fue así en aquella ocasión.
Siguiendo las ocurrencias del joven -nada parecido a un plan preestablecido- en su oxidado Peugot (de poca cilindrada), este viajero vislumbró, entre otras insulsas plazas, un pequeño embalse sagrado, en medio de la nada, y plagado -a cientos- de peces, también sagrados, que ocupaban las limpias aguas de una especie de charco-oasis, ni necesario, ni maravilloso, ni auténtico merecedor de una fotografía.

2 comentarios:

conquense dijo...

"Seco", cuando vas a madagascar las lemuras de cola anillada se te abrirán de patas, debes conocer esa isla mejor que San Miguel de la Escalada, como para engañarte ese "buscavidas", "caza-turistas".
Haber si nos vemos dentro de poco, cuando estés mas tranquilo y relajado después de este periodo de "berrea" que has tenido.

bicho dijo...

Muy bueno lo del coche petado de gente, muy bueno el comentario de las lemuras, jajajaja. Un abrazo amigo!