11 de enero de 2008

Dakshin Kali

A unos veinte kilómetros de Katmandú estaba Dakshin Kali. Todos los sábados tenía lugar una ceremonia religiosa en honor de la diosa Kali, y allí se presentó el viajero insatisfecho siguiendo los consejos, recomendaciones o sugerencias del libro-guía “Salvat del Trotamundos”. Para recorrer estos veinte kilómetros desde Katmandú, nada mejor que un autobús local, cuya parada (bus-stop) no tenía pérdida si la mente-cuerpo-espíritu del viajero se encontraba por la zona o sus alrededores. Todo muy sencillo: seguir a los viandantes que llevaban en sus manos pollos colgados o tiraban con débiles cuerdas de rebeldes machos cabríos.
Dakshin Kali era un pequeño templo cobijado en un verde valle, más concretamente, en un verde barranco de pendientes escaleras de acceso, donde los sadhus -a veces con su particular parsimonia- hacían “su agosto”. Todo analizado desde la distancia, pues “su agosto” eran unas pocas monedas.
Para calmar la sed sanguinaria de la diosa Kali, muchos nepalíes se dirigían allí ese día para sacrificarle pollos y jóvenes machos cabríos. Ofrecerle flores, frutas e incienso.
Fue un espectáculo bastante impresionante, puesto que los oficiantes-carniceros chapoteaban en la sangre, igual que lo hizo este intrépido viajero sin querer, únicamente por su obsesión de implicarse en semejante ceremonia. Y allí se sintió observado, hasta que en lo alto de la empinada escalera apareció un grupo de turistas, que (¡Dios!) le hicieron huir de semejante templo de seducción o, tal vez, degeneración semi-carnal y cuasi-caníbal.
No vio religiosidad aparente, no entendió su significado. Más bien le pareció parafernalia de nepalíes que pretendían iniciar, así, el descanso semanal.
¿No se inician en España -a veces- los descansos festivos con sacrificios de animales de difícil comprensión?.

2 comentarios:

Mar Sanfrancisco dijo...

Pobres animalitos...

Un besote mio y lametones de mis perritas.

LaIsla dijo...

Cuando yo estuve vi como le cortaban la cabeza a un macho cabrio y rociaban con la sangre que manaba de su cello seccionado, las ruedas de un coche.
Según me contaron lo hacian para protegerse mientras viajaban. :) Un beso