12 de noviembre de 2007

Una historia de manglares

Los manglares desempeñan una función clave en la protección de las costas contra la erosión eólica y por oleaje; alojan gran cantidad de organismos acuáticos, anfibios y terrestres, y son hábitat de los estados juveniles de cientos de especies de peces, moluscos y crustáceos.
Y son más cosas. Son una pasión visual para cualquiera que circule o navegue por sus aledaños. Por ese afán de satisfacer las pasiones visuales, este viajero insatisfecho se metió en su pequeña aventura.
Para llegar en autobús desde Esmeraldas a San Lorenzo -ambas ciudades en Ecuador- hay que pasar varios y arbitrarios controles del Ejército, que están en apariencia tratando de controlar la droga colombiana que se filtra a Ecuador. Se podría hablar de la frontera colombiana con San Lorenzo como zona caliente de los cárteles de la droga.
En esos territorios calientes se genera a veces inseguridad, silencios colectivos, miradas conflictivas pero, también, naturalidad con el extranjero que quiere conocer.
El libro-guía decía que allí se podía encontrar un amplio territorio de manglares, de ahí el interés de este mochilero por llegar a esa zona. Una vez allí, era necesario disponer de una barca para callejear por los diferentes regatos del estuario del río, donde se concentraban la mayoría de manglares:
Después de mucho insistir en el pequeño puerto, conseguí embarcarme con una familia que, en su pequeño bote, iba en la dirección apropiada. No sabía dónde se dirigía pero sabía que regresaría ya entrada la noche.
El mayor problema surgió cuando me enteré de que el poblado al que íbamos pertenecía a Colombia. Iba a entrar ilegalmente en territorio colombiano, en zona caliente de la droga y con una familia que no sabía a que se dedicaba ¿serían traficantes?, me preguntaba, según navegábamos los diferentes callejones acuáticos. Durante el recorrido, y en el pequeño barco, me enteré que eran concheros e iban a un poblado al otro lado de los manglares a comprar conchas, ese molusco parecido al berberecho que se utiliza para los sabrosos ceviches ecuatorianos.
Cierta preocupación, en principio.
Pero gran satisfacción, al final.
Me moví con ellos por el poblado colombiano, donde fui 'el rey de la tarde', la novedad. Asistí al mercadeo de las conchas, me enteré de cómo se cogían, de sus riesgos, de las previsibles picaduras de serpientes y de su escasez o abundancia dependiendo de las lluvias y altura de las aguas.
Toda una experiencia. Regresamos, ya entrada la noche, a San Lorenzo. Nos recibió el fogonazo del vigía que, cumpliendo su misión, identificaba al escaso tráfico fluvial en esa ‘oscura boca de lobo’ a altas horas de la noche
”.

3 comentarios:

conquense dijo...

"Seco", eres un "monstruo", aunque alguna vez vas a llegar a tiempo y te van a enchironar confundiéndote con un "mercader de la coca". por andar por esos "andurriales", cuando un tío pudiente como tú puede hacer turismo de lujo y dejar la mierda de la mochila, claro, acequilándote un poco.
Veo que no te comentan ni las "ratas".

LaIsla dijo...

menudas aventuras las tuyas ufff.

conquense y si que posteamos a blas eh, lo que pasa que últimamente tengo poco tiempo :))

Anita dijo...

Que aventura Blas lo de entrar ilegalmente en Colombia, pero valió la pena jejeje. El paisaje de los manglares es muy bonito, nosotros en Gambia también los recorrimos y nos gusto mucho, nos asombramos de la cantidad de moluscos que se crian en ellos y la diversidad de animales que viven allí.

Muchos besitos.