15 de octubre de 2007

Una obligada y necesaria parada


Mientras más se acercaba el autobús a la frontera, más interesante era la naturaleza, el paisaje, el colorido, los bellos picachos y los grandes precipicios. Más traspasaba la brisa las desvencijadas ventanas y el olor penetrante de la India se iba transformando en fantasmas de altas cumbres. No había aparentes problemas en el exterior, el verdadero problema viajaba en el interior. El conductor.
Había que estar loco, o ser un suicida, o tener el sentido de la responsabilidad por donde transitan los caracoles para hacer un recorrido tan temerario como el que este personaje hacía con un vehículo cargado de humanos. Este viajero insatisfecho se lo tomó, entonces, como una experiencia y no iba preocupado en exceso. Ahora, sí. Desde la lejanía de los recuerdos, le parece que aquello podría haber sido un desastroso día para los 50 seres que allí ocupaban sus asientos, previamente adquiridos y pagados con religiosidad oriental.
Después de sacar con total imprudencia a un camión que circulaba en sentido contrario de la carretera, y al que abandonó a su suerte, atascado y destrozado en un pequeño ribazo que le salvó de ir al precipicio, el conductor-suicida ni se dignó parar para comprobar los efectos de su desalmada fechoría.
Las recíprocas miradas de asombro de los pocos viajeros occidentales, daban la voz de alarma general ante tanta tropelía. Uno, dos, tres percances similares en pocos kilómetros avivaron los murmullos de indignación y en cierto sentido alimentaron la coherencia del conductor.
Casi al mismo tiempo llegó la avería.
Satisfacción entre los mochileros occidentales. También entre los locales.
Relajación.
Una avería que sirvió para pasear largas horas como sonámbulos por las orillas de la peligrosa vereda y observar a las pacientes ovejas y gallinas, hacinadas entre mochilas y fardos, en el techo del destartalado autobús. Faltaban pocos kilómetros para llegar a Sonauli, en la frontera con Nepal. Un agotador trayecto desde Benarés, complicado por la actitud irreflexiva de aquel conductor hindú.

2 comentarios:

CONQUENSE dijo...

"Seco", por lo que pagaste que quieres ir como en un A-380, demasiado que el pobre conductor os llevaba aguantando los gestos y sandeces que iriais diciendo, el hombre habría estando realizando algún otro trabajo antes de subirse a la "gua-gua" y si encima había tomado un poco de "Sangre de Drago", pues se junto todo. Además para haber ido más seguro haber alquilado un pollino y podríais haberos turnado en esas cuestas, un rato arriba uno y luego el otro.

errBICHO dijo...

Ohtiah! pa'beros matao!