“Un Rey tenía muchas mujeres pero, ante su desesperación, ninguna le había dado un solo hijo. Tras haber consultado a los augures, hizo preparar una comida mágica en la que debían participar todas sus esposas. Ahora bien, la más jóven fue enviada, malígnamente, al mercado por sus rivales, pocos instantes antes de que comenzara el almuerzo. Cuando regresó, le habían guardado las calabazas vacías para que… las lavase.
Desesperada, gritó antes sus burlonas compañeras:
-Quiero mi parte de la comida, tanto si ha sido preparada para que perezcamos como para mantenernos vivas, cosa que ignoro.
-No queda nada –clamaron las rivales
La nueva desposada no protesto pero, reuniendo las calabazas, rascó cuidadosamente su interior y comió los restos de todas ellas.
Seis meses después, en la cabeza de las malas compañeras creció de todo ¡pero su vientre siguió plano!. Sólo el de la más joven indicaba un próximo parto.
El Rey, tan maravillado como desconfiado, dio, sin que nadie lo supiera, una choza particular a la futura mamá e hizo que la sirviera una sola criada, a la que suponía muy fiel, luego se marchó de viaje. Durante su ausencia, las celosas descubrieron el escondrijo, sobornaron a la criada y enviaron a su rival un manjar envenenado. Cuando el Monarca regresó, su favorita, muerta desde hacía algunos días, se estaba ya descomponiendo. Montó en cólera, sospechó la verdad e interrogó a sus mujeres que le respondieron:
-¿Acaso teníamos su custodia?. ¿Sabíamos, siquiera, en que lugar la habías escondido?.
Una investigación acabó descubriendo la verdad. Esposas culpables y criada infiel fueron decapitadas por la propia mano del señor”.
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Moraleja: los celos pueden llevar al crimen y a la muerte como castigo.
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