19 de octubre de 2016

La bahía de Trujillo

Fortaleza de Santa Bárbara, en Trujillo

A la ciudad hondureña de Trujillo, topónimo muy ligado a la ‘conquista’ española (hay varios ‘trujillos’ en la geografía americana), llegó un día de mal humor y cabreado con el conductor del ‘buseto’ que había agarrado a primera hora de la mañana. Un trayecto de 3 horas desde la ciudad de La Ceiba se convirtió en uno de 8 por las indiscriminadas paradas, a veces durante más de media hora, a la espera de conexiones con otros minibuses o simplemente de un mayor número de pasaje. Parecía ser que no le cuadraban las cuentas.
¡Cosas de la desorganización del transporte en la mayoría de los países de la zona, y en especial de Honduras!. Ya lo decían los nicaragüenses: “cuando pases la frontera, las esperas serán mayores pues los colectivos/minibuses hondureños no parten hasta que están full”.
Trujillo era una tranquila ciudad costera caribeña de Honduras que tenía pocos atractivos aunque su convulsa historia ‘la vendían’ los manuales como relevante para recorridos turísticos. Cristóbal Colón desembarcó allí en 1502 lo que suponía que los hondureños celebraran de vez en cuando festividades y aniversarios, puesto que, en realidad, se consideraba el primer asentamiento importante en toda la América continental. Allí cerca, en Punta Caxiñas, los españoles, capitaneados por el genovés, pisaron por primera vez tierra firme del continente americano. 
La fortaleza y la ciudad pronto recibieron los ataques piratas y algo más tarde la llegada de los garífunas, negros huidos de los barcos de esclavos para evitar precisamente la esclavitud. Así se mostraba entonces la ciudad durante la visita del mochilero, con cantidad de pobladores de origen garífuna y, en cuanto a su arquitectura, un gran número de edificios y calles de la zona centro con ese encanto colonial, antiguo y simple pero sólido.
Entrada al Cementerio Viejo

El 14 de agosto de 2002 tuvo lugar en la bahía de Trujillo un acto relevante: se celebró el V Centenario de la llegada a la mencionada bahía de Cristóbal Colón y reunió lo más granado de la sociedad hondureña, con el presidente Ricardo Maduro a la cabeza. Allí dejaron para el recuerdo una muy ‘kitsch’ estatua de Colón, que miraba a la bahía con ese aire de poderío dominador. Otro hecho trascendente, y recordado por todos, fue la captura y ejecución en 1860 del famoso mercenario William Walker. Precisamente, en la fortaleza de Santa Bárbara -aún mantenía algunos cañones de recuerdo de otras épocas gloriosas- fue fusilado. Y en el Cementerio Viejo, abierto únicamente para las visitas, se encontraba su tumba.
Tumba de William Walker

El viajero insatisfecho, además de piedras y efemérides, quería conocer la parte más alejada de la extensa bahía que, según informaciones, poseía un gran banco de estrellas de mar más o menos fijo. Se acercó en un taxi (no eran excesivamente caros) y lo intentó. Incluso el propio conductor le dijo que hacía unos días había estado con su familia y había visto muchas. No tuvo suerte, o por la hora, era al atardecer, o por cualquier otra circunstancia. Lo único que vio fueron dos o tres peligrosas rayas que tenían la fama de clavar su aguijón al mejor estilo escorpión. 
Ah!, y el conductor, un tiburón en la misma orilla. Lo duda. Él no lo vio.
Raya en la playa

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5 comentarios:

igoa dijo...

Al que madruga...Otro Trujillo en Peru, del que me he acordado ayer releyendo La Casa Verde del inclito Nobel.
Pero no fue en Limon de Costa Rica donde atraco nuestro descubridor? Jajaja!
Y querias ver estrellas de mar...un banco...en taxi...en superficie?
Sigo en FB...
Besos estrellados

Carlos Martinez dijo...

Otro Trujillo con sus historias y leyendas, y "disfrutando" de los traslados caribeños que tanto nos quieren y a quien tanto debemos jajajaja. Y que a lo mejor son así para deleitarnos con paisajes y situaciones que si no no tendrían la misma "gracia". La madre que los parió. Menos mal que eso solo lo sufrimos los viajeros, los demás solo disfrutan-esta vez si-de fotos y relatos personales.

efurom1 dijo...

De tus fotos, Blas, me quedo con la de la entrada al cementerio, bien encalada y sencilla. A la fortaleza no harían nada mal en darle una buena limpieza y un mínimo mantenimiento...si es que quieren tenerla abierta al público.
En cuanto a tu escrito, lo primero, no te enfades por los retrasos. Y lo segundo, me alegro que allí celebren todavía a Colón. Aquí, quieren quitar la estatua de Barcelona.
Un abrazo: emilio

igoa dijo...

Es que, amigo Emilio, los espanoles son mas papaistas que el Papa. En este caso los catalanes. Y...vete a saber, a lo mejor el pobre Cristobal era de Tortosa!
Bueno, veleidades de los publi-politicos. No?
Besos

Carlos el viajero dijo...

Oh! Desconocía esta ciudad gemela del Trujillo extremeño o el peruano. A pesar de las malas conexiones de las busetas, muy habitual en tierra catracha, pues mereció la pena la visita ¿no?. Habrá que ir, sobre todo por ese aire garifuña que comentas. Y quién sabe hasta tenga la dicha de ver el tiburón.
Saludos