4 de octubre de 2015

Polonnaruwa

-La dagoba más grande de Polonnaruwa-

Pensaba, literalmente, ‘pasar de piedras’ en este viaje y cayó en esta ciudad casi de casualidad. Polonnaruwa era una de las ciudades antiguas de Sri Lanka, la de mayor contenido patrimonial junto con Anuradhapura, y, después de visitada, debió de reconocer que era de imprescindible paso para todo viajero que venga a esta isla, “lágrima de la India”. Los monumentos de la ciudad se remontaban a hace 800 años, sus glorias también, y ahora daban una idea bastante buena del aspecto que tendría el sitio en sus mejores tiempos.
Llegó una calurosa tarde de agosto. Calurosa, de verdad. Después de dejar los bártulos en la ‘guesthouse’ alquiló una bicicleta allí mismo y se acercó al gran lago artificial Topa Wewa, para dejar correr las pocas horas de la tarde en sus orillas. A la mañana siguiente, alquiló de nuevo una bicicleta para acercarse a visitar las ruinas sin saber si después del tute del día anterior (le dolía el culo, majado por el asiento y la falta de costumbre) se arrepentiría. No lo hizo. La bicicleta era un buen complemento para visitar el sitio arqueológico: largas distancias entre algunos monumentos, no había excesivas pendientes y sí muchas sombras de árboles por los caminos, además, contaba con varios sitios donde vendían agua mineral, refrescos y agua de coco. ¡Excelente!.

-Uno de los monumentos del Cuardrángulo-

Dejaba la bici aparcada y visitaba, dejaba la bici aparcada y visitaba: Así era el ritmo.
Había varias zonas, la del Palacio Real que, por cierto, era pura ruina, cuatro paredes mal conservadas aunque se apreciaban esos grandes muros anchos y compactos. Otra de las zonas, el llamado Cuadrángulo que poseía una buena colección de diferentes edificios, una delicia para los arqueólogos, seguro. El viajero insatisfecho los visitó sin haber sentido nunca la llamada pero no dejando de sorprenderse con alguna de las ruinas vistas.
En el recinto de Polonnaruwa había, además, dos o tres estupas, o dagobas como decía el libro/guía, inmensas, la más grande de allí era la cuarta más grande de la isla. Y lo más sorprendente para sus ojos inexpertos estaba al final de recorrido: el Gal Vihara. Se componía de cuatro imágenes de Buda separadas, todas ellas esculpidas en un largo bloque de granito. El Buda de pie medía 7 metros y el reclinado, representado mientras entraba en el nirvana tras la muerte, 14 metros. Completaban el sitio otros dos Budas sentados. Si no lo más interesante e importante de Polonnaruwa, al menos este mochilero lo calificó como uno de los lugares más vistosos.

-Gal Vihara (Buda de pie y reclinado)-


Copyright © By Blas F.Tomé 2015

3 comentarios:

efurom1 dijo...

¿Calurosa tarde de agosto? Te la cambio por las que he padecido aquí TODO el p... verano y sin agua de coco ni bici, por mu mal que tenga el asiento.
No se puede pasar de piedras, Blas. Si acaso en esos viajes organizados en los que en una mañana te quieren enseñar 80 cosas y llega un momento en que ya no puedes más y deseas alcanzar el nirvana.
Un abrazo: emilio

igoa dijo...

Vaya! Parece que nuestro tigre se ha rendido a los pedruscos sinhaleses...
Besos

Independiente Trashumante dijo...

Sri Lanka es todo un hito en tus paseos por el mundo: hiciste caso a la invitación de las viejas piedras. Y no es de extrañar ante tanta maravilla aderezada con agua de coco.

Gracias y saludos.