7 de febrero de 2015

El tren bambú, cerca de Battambang

 -Vía del tren bambú-

Cada vez que el viajero insatisfecho recuerda la hazaña, dice: ¡qué cosas hace uno cuando holgazanea en un viaje!. Pues, aún así, aún sorprendiéndose a sí mismo, la experiencia del tren bambú, en Battambang (Camboya), no dejaba de ser interesante.
Era un transporte ilegal o al menos no oficialmente autorizado. Ahora mismo, casi supeditado su éxito al folclore turístico y mochilero.
Pero el tren bambú tiene su historia. Partiendo de una línea ferroviaria que sirvió a los franceses, en su época colonial, para transportar el café, arroz, bananas y el resto de productos básicos desde las zonas rurales a Phnom Penh, ha derivado en lo que ahora existe: un simpático subproducto del tren.
En la época de Pol Pot, toda la infraestructura ferroviaria (máquinas, vagones, e incluso algunas vías) fueron destruidas. Tras la caída de Pol Pot, con las gentes en la más absoluta pobreza y toda aquella zona sembrada de campos de minas, los camboyanos se inventaron este sistema de transporte que sorteaba, de alguna manera, el peligro de las terribles minas. La línea férrea de Battambang-Phnom Penh estaba casi intacta y la capacidad imaginativa del camboyano no había sido destruida. Unidos ambos factores se puso en marcha un sistema casero para transporte de pasajeros y mercancías, utilizando los ejes y ruedas de los vagones destruidos y poniendo sobre ellas unas plataformas de bambú, tal y como existe hoy día. Todo ello, impulsado por un motor reciclado de otro vehículo móvil.

-Parados, esperando a que llegue el otro tren bambú-

Yendo cómodamente sentado en la plataforma y viendo el mecanismo del tren bambú se apreciaba realmente ese alarde imaginativo del camboyano, digno de mencionar. Como sólo existía una vía, cuando se cruzaban dos de estos artefactos primitivos, ambos maquinistas paraban uno frente al otro y, literalmente, desarmaban uno de los convoyes para que el otro pueda pasar. Colaboraban ambos operarios en el desarme y posterior armado del tren. Los turistas, con cara de sorprendidos, no ponían en marcha su brazo colaborador (¡vagos!). Pero así era la relación del viajero con el camboyano.
Así era la vida del camboyano.
Cuando el tren alcanzaba el máximo de velocidad (unos 50 km/h), y traqueteaba sin piedad, daban ganas de gritar: ¡A por los corruptos!.
Ahora, cuando estuvo allí este leonés, a los viajero-turistas les proponían un recorrido de 5 dólares, ida y vuelta a la primera estación, donde aguardaban, como no, los tenderetes de productos locales y bebidas. Tras un breve descanso, se iniciaba el camino de vuelta. Se atravesaban campos de arroz y paisajes hasta cierto punto, agrestes, llenos de vegetación y matojos. Durante el trayecto, si mal no recuerda, tuvieron que descender del artilugio unas 5 veces para dejar paso a los que venían en ruta contraria.
Muy divertido.

-Desmontando el tren bambú (1)-

-Desmontando el tren bambú (2)-

A la ida, iban tres en el convoy (cuatro, con el conductor); a la vuelta, se unió un veterano lugareño que regresaba a su casa después de una más que posible dura jornada.
En tono de broma, a este mochilero le propusieron hacer el recorrido completo a Phnom Penh (unos 350 kilómetos), dos días y dos noches hasta llegar al destino. Durante el trayecto nocturno -dijeron- dormiría cómodamente en la plataforma de bambú.
¡Qué simpáticos!.
¿Turistada?. Sin duda, pero también una manera de colaborar con alguna economía poco boyante en la zona.

-Lugareño camboyano, a la vuelta del recorrido-

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6 comentarios:

igoa dijo...

Me gusta tu tren bambu!Ahora que 350 klmtros... No parece que lo utilicen mucho los lugarenos, uno solo en tu experiencia. Seguro que ya habra alguna carretera o pista paralela mas rapida.
El turismo agudiza el ingenio.
Besos

Independiente Trashumante dijo...

Es un placer saber por ti que la imaginación continúa viva por el mundo. Quizá estar más cerca de la pura supervivencia la mantenga viva y eso nos permita, cuando la economía no pueda "crecer" más, tener alguna alternativa interesante.

Gracias y saludos.

Diana M. dijo...

Y no te animaste a hacer el camino durante dos días seguidos? Podría ser interesante! Más que nada por compartir la experiencia con auténticos lugareños, además del paisaje. Yo seguramente no lo hubiera hecho ya que siempre llevo más o menos una idea de cosas que quiero ver - no muchas pero casi imprescindibles - y me agobio si me las pierdo. Aunque si no puedo cumplir mis objetivos siempre me conformo con la idea de volver algún día.
Los mochileros somos unos pedazo de vagos del copón. Recuerdo en Gili como un grupo de unos 40 viajeros esperábamos pacientemente y sin mover un dedo a que descargasen todo el material de los humildes barcos, barcos que debíamos tomar nosotros en cuanto acabasen de descargar todo lo que en esas pequeñas y aisladas islas no existe: desde agua, huevos o papel higiénico. Al menos a la hora de empujar el barquito de nuevo hacia el agua sí nos dispusimos unos cuantos a ayudar, pero tampoco te creas. Nos tomamos lo de las vacaciones muy a pecho!
Un saludo!!

Paco Nadal dijo...

Este tren no lo conocías. ¡¡Lo que tú no descubras!! Un abrazo, insatisfecho, claro.

Carlos el viajero dijo...

Bueno, como dices, turistada sí. Pero por lo que he leído, es un país muerto ferroviariamente hablando. Algo es algo para ver reminiscencias de este transporte dejado morir en muchos lugares en favor del de carretera.
Tomo buena nota. En una semana andaré por ahí.
Saludos Blas

efurom1 dijo...

Lo primero que me llama la atención es que la línea ferroviaria fuera desmontada en la época de Pol Pot: ¿qué clase de "planteamientos" políticos o ideológicos pueden conducir a esta "genial" decisión?
Luego, cuando gritas ¡a por los corruptos! me pregunto si se puede establecer algún paralelismo entre Pol Pot y Marianico el corto: aunque de ideologías diferentes creo que ambos tiene en común el haber hecho retroceder a su páis en veremos a ver cuántos años.
Un abrazo!