14 de abril de 2011

La venganza del siervo ambulante


Al viajero insatisfecho le produce cierta alegría que los más pobres entre los pobres se puedan vengar de los más ricos o también modernos, sean ejecutivos (o no), turistas o sabuesos de la Bolsa.

Cuando visitó alguna de esas ciudades/malditas (y hay muchas en el ancho Globo) donde la gente mísera/pobre alcanza cotas extremas, ciertas imágenes tristes le produjeron un hálito de alegría. Siempre tuvo este mochilero la sensación de que esas calles estrechas de Old Delhi (India), donde los perros flacos dormían su siesta permanente, y esas avenidas viejas y atestadas del Chandni Chowk (ver fotografía) estaban ahí para escarnio del alto y rico empresario burgués.

Ahí era donde los pobres no reprimían su venganza.

La sobreabundancia de bicicletas, mototaxis, rickshaws (taxis-bicicleta), carros desvencijados tirados por ‘parias’, vacas sagradas tumbadas en la calzada, peatones cargados de fardos y bultos convertían esa vía bacheada y polvorienta, llena de desperdicios y olores, en un martirio para el que viajaba en limusina y era sometido a ritmo de la ajetreada vida capitalina. El hombre que leía sentado cómodamente el periódico matinal en su parte trasera tenía que esperar inevitablemente, entre otras cosas, a que la vaca sagrada decidiera, después de sonoros pitidos, levantarse y caminar lento para cambiar su lugar de sesteo. Tampoco la camioneta de reparto de ordenadores, símbolos de modernidad, o quién sabe qué otro artículo de última tecnología, iba más deprisa que el hombre que cargaba en su rickshaw siete voluminosos fardos de retales y desperdicios de un taller textil.

El rico y la moderna tecnología caminaban detrás, y a ritmo del siervo ambulante.

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

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