2 de octubre de 2009

El símbolo hercúleo de Río

De ‘hercúlea’ podría definirse la estatua del Cristo Redentor del Corcovado. Tan descomunal como inútil para aquel Brasil de primeros del siglo XX, la estatua fue ejecutada por el escultor francés Paul Landowski y los ingenieros Heitor Silva y Pedro Viana. Situada en una privilegiada montaña, mantiene -y se perpetúa en la mente del visitante- unas inolvidables vistas de Río de Janeiro y su bahía
¿Merecía ser elegida recientemente como ‘Maravilla del mundo’?.
No. Mucha gente opina que no y este viajero insatisfecho tampoco.
La ascensión es sencilla, la facilita un estrecho tren de cremallera serpenteante por la espalda de la montaña o una carretera, también serpenteante, que este trotamundos no utilizó. El tren parte de uno de los barrios de la ciudad y asciende lentamente entre humildes casas, algunas de oxidado latón, y verdes árboles que lindan con pequeños huertos labrados para, en apariencia, el mantenimiento familiar.
Arriba, el ambiente turístico se deja notar. La posibilidad de una fotografía en solitario del Cristo se convierte en ‘misión imposible’ (tarara, ra, ra, raaaaa). Bueno, si, contrapicados desde su base para tomar su altura en toda su magnitud.
Un espectáculo es ver el movimiento de las ya cercanas nubes, arrastradas por las corrientes de aire caliente, que parecen lanzar al Cristo a una navegación aérea a través de la cercana bahía.
Una hipnótica visión.
Un símbolo de Río.
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¡¡Enhorabuena Río 2016!!
Copyright © By Blas F.Tomé 2009

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