14 de junio de 2009

El chaski

No conocía al chaski, ese personaje tan real del imperio inca. Cuando observó en un cuadro -ahora anónimo en su recuerdo- una representación de aquel indio musculoso y corredor supuso que era un personaje importante en el imaginario popular peruano. Le vio en una antigua casa de la ciudad de Trujillo, luego, en un museo de Cuzco, y leyó de él un relato en Cajamarca. La información le llegó desde varios frentes y el viajero insatisfecho supo entrever -entonces- lo importante que este mensajero había sido para la supervivencia del imperio. Los chaskis formaban una cadena de enlaces y, de trecho en trecho, hacían relevos para llevar, ligeros, el mensaje de su señor a un lejano reyezuelo o, quizás, algún aguerrido guerrero.
No se involucraban en su contenido ni en la posible contienda llevando la posta, y hacían su recorrido de cientos de kilómetros, así les tocara meseta o cordillera.
[Más de esto último].
Poco les importaba quién llegaría a ejercer el poder sobre quién. Comprendían instintivamente que en tiempos de guerra no se podía escoger al enemigo como tampoco debían cuestionar las posibles ramificaciones y derivaciones del mensaje que llevaban.
Ser chaski era una gran responsabilidad y un cargo que había que cumplir con mucho honor.
Al fin y al cabo, no eran ellos quienes acercaban batallas a sus convecinos, ni portaban lanza o prisionero, engaño, muerte, esclavitud e ignominia a sus pueblos.
Copyright © By BlasFT 2009

1 comentario:

Catik dijo...

Hola Blas, ¿qué tal? Entré un momento por el blog y vi tus comentarios, la verdad es que estoy muy liada últimamente y casi no piso Internet; hasta he olvidado la contraseña del blog! A ver si la recupero. Recibe un saludito y un abrazo, que te los lleve el chaski de mi parte.