6 de junio de 2009

"Beneficencia" / Cuento africano (*)

Una mujer casada, Tihua, yendo al bosque a coger hojas para envolver los panes de akassá (harina cocida de maíz), descubrió por casualidad el cubil de una pantera. El animal estaba ausente, pero sus cachorros, dos recién nacidos, se debatían bajo un montón de hormigas negras e iban a perecer infaliblemente.
Tihua, compadecida, liberó rápidamente a las pequeñas criaturas de sus verdugos y, aunque la picaron también gravemente en las piernas y los brazos, los llevó lejos de allí, bajo un gran matorral donde les confeccionó una yacija.
Luego, hizo su cosecha y se dirigió a su choza llevando su fardo en la cabeza.
Ignoraba que la pantera, expulsada de su cubil por la invasión de hormigas, había tenido que abandonar a sus cachorros y refugiarse en lo alto de un árbol cercano, desde donde no se había perdido ni uno solo de los movimientos de la mujer.
Cuando Tihua se hubo alejado, la fiera saltó al suelo, fue a lamer sus cachorros y, luego, con silentes pasos, siguió a la campesina.
En las proximidades de la aldea, donde no se atrevía a aventurarse a pleno sol, el animal trepó ágilmente a un tupido mango. Desde allí, siguió con la mirada a su benefactora, descubrió el emplazamiento de la morada donde penetraba y huyó.
Por la noche, la pantera salió de caza, mató un gran antílope y lo arrastró en plena noche para depositarlo ante la puerta de Tihua.
Al amanecer, el ama de casa, al descubrir la tendida gacela, tuvo miedo, soltó algunos gritos y despertó a su marido. Éste advirtió que las heridas del antílope procedían, sin duda, de las zarpas de un gran felino y, luego, toda la aldea desfiló ante la proverbial presa.
Tihua contó entonces la aventura que había vivido, la víspera, en el bosque; naturalmente, llegaron a la conclusión de que la pantera le había hecho aquel regalo a guisa de agradecimiento
”.
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Moraleja: hay que ser bienhechor: recibes recompensa.
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(*) Trautmann, René. Los cuentos pasan.... Leyendas e imágenes de la Costa de los Esclavos. José J. de Olañeta, editor. 2007. Palma de Mallorca.
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1 comentario:

Josep Julián dijo...

O sea, que toda buena acción tiene su recompensa. Me ha parecido una bonita historia de la que se pueden derivar enseñanzas.
Enhorabuena por tu blog.