24 de marzo de 2008

Los mercados africanos (Mozambique)


Ser simple y sencillo es una buena medicina para la comprensión y el entendimiento de ciertos matices, sensaciones o pasiones vividas.
Si hay una cosa caótica, al menos en apariencia, son los mercados africanos. Pero no esos mercados con artesanías inservibles para los turistas impulsivos de las compras anodinas, sino los puestos de venta de sus productos básicos, locales y cotidianos.
Puro caos.
Son cosas y más cosas apiladas en inestables tenderetes (estos, si son artesanía), colgadas de los árboles y colocadas en el suelo; encima de otro producto, sobre la destruida acera o sobre un pequeño arbusto cercano (verde, siempre verde). Personas resguardadas del sol bajo sus propios tenderetes, mujeres sentadas en un saco de arroz y detrás de varios cestillos con pequeñas cosas (pocas): tomates, patatas, arroz, pimientos, guindillas, naranjas, verduras raras,….
Ninguna de estas unidades productivas pasarían los controles de calidad de los países europeos, lo que le hace pensar a este caminante que difícil colocación tendrían en cualquier mercado de la Vieja Europa (hartos estamos de ver tomates todos iguales. ¿Quién compraría un kilo de este popular producto si sus unidades no fueran todas la viva imagen unas de otras?).
Y gritos.
Muchos gritos.
Y, otras, silencio.
Una vende arroz, o maíz, y tiene sobre su producto varias latas de diversos tamaños (tal vez, ¿un kilo?, ¿medio kilo?). Latas de hojalata que ahora sirven para medir pero que otrora, hace muchos años, fueron el glorioso envase de buenos productos exportables. Y niños (muchos niños), sentados en las aceras con su palangana de cacahuetes, con su cortada botella de plástico que hace de medida. Los niños, también las mujeres y jóvenes, al pasar el viajero insatisfecho, le miran con extrañeza. Los niños, tal vez, con tristeza, y hacen amago de ofrecerle su venta. Si les mira a los ojos, se amilanan y se olvidan de su ofrecimiento.
Al viajero le ofertan productos inservibles:
¿Para qué quiere una pequeña caja de herramientas, made in China?.
¿Para qué le sirve un juego de cuchillos?, y
¿para qué un viejo y oxidado pestillo de una puerta?.


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5 comentarios:

Anónimo dijo...

yo creo q lo q venden los niños son anacardos, o x lo menos eso es lo q sale en los documentales

BlasFT dijo...

No suelo contestar a "anónimos", pero creo que en este caso, si. Tienes toda la razón, o parte, porque es verdad que también venden anacardos (ya tostados). Por cierto, que yo compré una de esas medidas (de anacardos) en uno de mis largos viajes de autobus-carro.
Gracias por tu aportación.

BiChoS dijo...

Coño!, aquí un tomate como esos que viste allí te los vende el Corte Inglés por un pastón y los llama "tomates de la vieja huerta" y te reconocen que son de verdad, porque resulta que los tomates "clonados" que describes y me compro en mercadona son tomates de mentira, alimentados de vete tú a saber que clase de estimuladores del desarrollo y cosas así... como los fisioculturistas, por poner un ejemplo.

En Gambia a nosotros nos ofrecían también anacardos, había una señora que sabiéndonos españoles nos los anunciaba: ¡¡¡aracandos!!! ¡¡¡aracandos!!!

Bueno amigo, nos alegra saber que todo va bien por tu africa querida... vuelve bien y no estés comiendo "puterías" jejeje

catik dijo...

Hola viajero in...cansable! Hace tiempo que te leo y hoy me aventuro a comentarte que me gustan tus relatos porque son crudos y reales, sin embellecimientos ni falsificaciones.Gracias por compartir esas sensaciones.
Un saludo

gloriainfinita dijo...

No te sirven de nada, querido Tigre de León, sobre todo si es un mercado auténtico, dado que tu eres un turista y el mercado está pensado para los lugareños. De todas formas, la foto inicial me encanta por su sencillez y el texto también por lo de los chinos. Besos, rey.