27 de noviembre de 2007

Discretamente feliz

Hay pueblos en el imaginario popular tan famosos como Macondo, pueblo ficticio descrito principalmente en la novela 'Cien años de soledad', del nóbel de literatura colombiano Gabriel García Márquez. Fue en ese pueblo donde el autor reflejó muchas de las costumbres y anécdotas vividas en su infancia y juventud.
No sé por qué este viajero insatisfecho se sintió en Macondo cuando llegó una tarde al poblado tanzano de Mto-wa-Mbu, conocido entre los viajeros como Mosquito Village (Mosquitos Pueblo). En el pasado, centro de trueque de las diversas tribus de la zona -entre ellas, los bantúes- y ahora, punto de descanso y de entrada al Lago y Parque Nacional Manyara (ver fotografía). Hemingway describió en el libro 'Las verdes colinas de África' sus cacerías en los alrededores del lago antes de que éste fuera declarado parque nacional.
Pues este Mosquitos Pueblo poseía una calle principal de tierra, parecida a los poblados del oeste en las películas de vaqueros, salpicada de casuchas y pequeñas villas empolvadas por los efluvios de ese camino-terrero al paso de los múltiples Land Rover que atravesaban, a veces rápidos y fugaces, rumbo al Serengueti y al Ngorongoro.
A uno de los bares, o casa de ultramarinos y bebidas, de la calzada principal fue a parar este mochilero, en cuanto dejó sus bártulos colocados y asentados en la habitación de uno de los hoteles baratos del lugar.
Y allí, en silencio, con una cerveza del tiempo entre las manos, observó a un rebaño de esqueléticas vacas gobernadas por tres niños masais; a tres monos, en apariencia viejos, cruzar entre dos cercanas villas, y a varias jóvenes mujeres, vestidas unas de negro y otras con saris de colores, pasear divertidas delante del solitario viajero. Riéndose, tal vez, de su aspecto, de su larga y poblada barba polvorienta o de su aparente aburrimiento.
Pero el viajero insatisfecho estaba feliz.

Discretamente feliz.

1 comentario:

conquense dijo...

"Seco", en ese el pueblo de los mosquitos no creo que tendrías problemas por que a tí no te pican ni los tábanos. Las nativas sabían sobrádamente que eras un verdadero macho ibérico, por eso te miraban, deseándote.
Insisto, tu haren te ha abandonado.