15 de septiembre de 2007

Las respuestas

Soy viajero, pero mi auténtica pasión es tocarle los huevos a los machos de las gacelas Thomson cuando se están apareando con los hembras”. ¿A que todos hemos sentido alguna vez que los habituales preguntones merecen una respuesta de este tipo?.
Este viajero insatisfecho lo ha sentido, pero ¿lo ha hecho?. No. No, pero en cuántas y cuántas ocasiones tuvo oportunidad de hacerlo.
No lo hizo, pero quiere contar en esta bitácora que le hubiera gustado hacerlo.
Sobre todo en Iberoamérica, donde la facilidad del idioma resulta propicio para encomendarse a la mala educación cuando el pesado de turno aborda con preguntas innecesarias, obvias y simplonas. Entiendan los iberoamericanos que no es un ataque personal, un ataque como pueblo (al que estimo de verdad), pues este estúpido artículo que surge de las entrañas no va dirigido a ellos. Va para gente simpática (que quiere saber), para la gente extrañada (que quiere conocer), para la gente curiosa (que quiere curiosear),…., pero que se acerca en el instante más inoportuno -la culpa no la tienen ellos- a preguntar.
Durante un largo viaje, a veces la soledad es necesaria y casi motivo de subsistencia. En ese momento de relajación, aparece el impertinente de turno para sacar del ensimismamiento al mochilero. Ahí. Entonces, surge la respuesta -ésta u otra por el estilo- de la que se ha hablado en esta entrada.

1 comentario:

LaIsla dijo...

Estas personas que hacen preguntas que no vienen a cuento, yo creo que no soportan el silencio y entonces hablan por hablar y preguntan por preguntar. Un beso