6 de julio de 2007

Los ancianos


Tenía los ojos ajados por el paso de los años; la piel que cubría sus órganos era rugosa y seca a la vez, aunque se adivinaba, bajo ésta, una mente despierta. Su pelo se veía cano, y sus escasos movimientos aún mantenían cierta gracia, afabilidad y benevolencia. Tenía una cara en la que se podía confiar”.
Esta descripción sirve para multitud de personas mayores -la misma para todas- que parecieran sacadas de una misma horma física y psicológica, y que he visto sentadas en los poyetes de sus casas, en los zaguanes, en sillas de madera raídas, en banzos o quijeros de caminos de diversos lugares y países.
Cuando vi a aquella anciana señora sentarse delante de mí, viajero solitario, en una de las sillas que rodeaban mi mesa, donde mantenía aún una cerveza fría, enseguida pensé que era una más de las muchas personas que atienden a esa misma descripción.
Y era verdad.
El por qué se sentó delante de mí y me habló sin parar en malgache (idioma de Madagascar), ni siquiera en su segunda lengua, el francés, que al menos hubiera entendido algo, fue y es para mí un misterio. La saqué una fotografía (ver), la invité a un trago que no aceptó, la escuché durante largo rato sin entender ni “papa”, y cuando creí oportuno me fui dejándola satisfecha, feliz, tranquila y -creo yo- pensando “estos blancos ¡qué raros son!”.

2 comentarios:

CONQUENSE dijo...

"Seco", me dejas perplejo, una cosa es que seas un depredador seleccionador y otra es que en tus viajes dentro de tus actividades una sea la de dejar satisfechas, felices, tranquilas....a las ancianitas del lugar; ¡degenerado¡.
No seas tan cursi y utiliza palabras para que el populacho las entendamos, ¿Qué es eso de banzo y quijero?, ¡Y NO QUIERO ABRIR EL DICCIONARIO¡.

Anita dijo...

Las personas mayores me parecen tan entrañables... saben un montón y a veces no escuchamos lo que nos quieren contar.
En cada viaje hemos conocido a alguna, como en Perú que conocimos a Sabina y nos contó un poco de su vida y nos dió mucha ternura.