1 de abril de 2007

Nunca llegaré a ser Lara Croft

Lara se sentía verdaderamente viva y libre viajando sola a través del mundo”, pues sí, me parezco (en macho, claro). Pero, además, su signo del zodiaco era acuario, como yo. Soltera, yo… soltero. Su grupo sanguíneo tenía dos letras y era negativo, lo mismo que figura en mi antigua tarjeta. Alcanzaba una altura parecidísima a la que poseo y su pelo castaño, sin contar mis canas, semejaba al que yo visto. ¡Ah!, sus ojos -salvando las lógicas distancias- poseían el mismo tono cromático.
Pero, no. Nunca llegaré a ser Lara Croft.
Tal vez debería haber dado un espectacular salto circense, en aquellos momentos, y habría conseguido acercarme o asemejarme un mínimo a nuestra estrella. Debería haber conocido un segundo antes las intenciones de aquel desecho humano, para conseguir reaccionar con la seguridad que la Croft lo hubiera hecho. Pero, no. Dejé que el hombre se me acercara agresivo, como si ante un león de presa se estuviera aproximando. Y yo no era un león de presa. Transmutó sus papeles: el fiero león era él. Y así me ví en los últimos días de mi viaje peruano, frente al malo de la película, un engendro salido de un desaguadero, de no se qué cabaña al lado de una enmarañada vegetación a la orilla de un reseco charco, que en épocas pasadas, y seguro que futuras, se convitió en vertedero de aguas y miserias. Me amenazó con su voz (a un metro del agua oceánica, en una aparente tranquila playa) y con su cara (reflejo de sus múltiples problemas), y me desnudó con su larga y afilada navaja de mis seguridades, de mis alegrías y de mis satisfacciones viajeras, también, de mi cámara de fotos Olympus, llena de recuerdos, y de mi reloj Lotus, que me traía otros. El dinero robado ni lo nombro, es papel pintado para hacer nuestras diarias transacciones. Pero me ví ante su punzante arma que amenazaba mi integridad por una plata que el individuo desconocía si llevaba.
Lara Croft hubiera salido triunfante de su supuesta misión en territorio inca, yo salí hundido de la mía y decepcionado por no haber conquistado a todo un pueblo al que aspiraba tener a mi lado; sin babear de rabia pero con inciertos deseos en mi mente que, si ahora detallara, atentarían contra lo más noble que los peruanos, sin excepción, tienen, y tenemos: la vida.
Me robaron en un país al que empezaba a querer, me ofendieron con la indignidad que se ofende a un condenado a la horca y aquel robusto peruano dejó en la cuneta al viajero feliz para convertirlo en el de siempre, insatisfecho.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Siento en lo mas profundo las maltrechas experiencias vividas por esos lares, pero en fin, la picaresca es la picaresca y de eso hay en todos los sitios.

Para el proximo viaje, haga como Lara saque ese par de 'pistolas'.

Bicho dijo...

Juer Blas, si te hubieses parecido a Lara Croft... créeme, si que hubiera llorado al despedirme, jejejeje. Creo, igual que el comentarista anterior que ciertamente estamos expuestos a estas cosas, cualquier instante, en cualquier lugar, y creo además, que cada dia más expuestos. Mucha suerte a todos! un saludo amigo!

Sandrita dijo...

¿Y no hubiese sido mejor que te parecieses a Jacky Chan?

conquense dijo...

siento "seco" la humillación que te causó ese malnacido, te podía haber pedido plata para sus necesidades que serían o serán muchas, pero no quitarte tus pertenencias tan queridas.
Aunque con la mente de un leonés no hay quien pueda.
Animo y sigue escribiendo me estás enganchando, lo haces bastante bien.

BlasFT dijo...

Gracias por los comentarios, que son la mar de animosos. Especialmente, agradezco el de el "conquense", que sé (soy muy consciente) que le ha costado entrar y escribir.