1 de junio de 2017

Las aguas pantanosas del Sudd

Imagen de National Geographic

En el imaginario del viajero insatisfecho esta uno de esos lugares que, en cierto modo, es el súmmum de lo enigmático: el pantano del Sudd. En sus primeras lecturas de exploradores ya había fijado su interés en ese accidente geográfico. En su mente figuraba como objetivo. Estos días, disfrutando del libro ‘Hijos del Nilo’, de Xavier Aldekoa -que recomienda- leyó con cierto regocijo una descripción o interpretación de ese lugar que ocupaba, y ocupa, un hueco en su imaginario como viajero. A veces, leer constituye una extraña manera de viajar o de alimentar en la imaginación un recorrido que ya existía en ella. Cree que este es el caso. No se va a resistir y lo va a transcribir tal y como lo leyó, tal y como aparece descrito en el libro:

El pantano del Sudd, que cubre el norte de Sudán del Sur, cambia cada año de forma. El caudal del Nilo altera cíclicamente el patrón del laberinto de islas y canales navegables y lo convierte en una trampa para la orientación. Su vasta extensión, las altas temperaturas y la densidad de la flora provocan que prácticamente la mitad del agua se pierda por la transpiración de las plantas o la evaporación. También es uno de los accidentes naturales más influyentes en la historia de la exploración. Porque nadie ha podido con el Sudd.
Es curioso como los nombres definen una actitud frente a la Historia. En árabe, Sudd se traduce como ‘barrera’ u ‘obstrucción’. Hay en ese significado un reto, una frustración por la exploración inacabada. Durante siglos, el Sudd demostró ser un muro tan impenetrable que hasta Roma respetó su nombre árabe. Hace más de dos mil años, un batallón de soldados romanos enviados a remontar el Nilo hasta sus fuentes no consiguió ir más allá de este bloque pantanoso, que marcó el límite de la penetración romana en África ecuatorial. Ese respeto por la toponimia local no se mantuvo en otros lugares. De nuevo, el lenguaje da pistas del cambio de los tiempos: cuando a partir del siglo XV los europeos expandieron sus dominios por África, viajaron con la mirada fija en sus ombligos. Por eso bautizaron a las nuevas tierras, que por supuesto ya tenían nombres, con sus apellidos o los de sus monarcas, como Rodhesia, hoy Zimbabue y Zambia, en honor al empresario y colonizador Cecil Rhodes; la ciudad de Livingstone, fundada por el célebre explorador escocés, o el lago Victoria, nombrado así en honor a la reina británica. Hay cientos ejemplos similares. Los exploradores occidentales también tiraron de la pereza o la avaricia. En un alarde de imaginación egocéntrica e interés comercial, los europeos bautizaron algunas regiones con las riquezas que esperaban sacar de ellas (Costa de Marfil, Costa de los Esclavos, Costa de Oro,…) o con lo primero que veían o escuchaban (Cabo Verde, por las montaña llenas de flores; Sierra Leona, por los violentos golpes de olas contra las rocas que parecían rugidos de León; o Camerún, por los abundantes camarones en sus estuarios,….). Como el Sudd se mantuvo inaccesible al empuje colonialista blanco, a nadie se le ocurrió cambiarle de nombre. Para qué. Sigue siendo una barrera”.


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4 comentarios:

efurom1 dijo...

Me alegra, Blas, que estés disfrutando con la lectura de Aldekoa. Comparto lo de "A veces, leer constituye una extraña manera de viajar o de alimentar en la imaginación un recorrido..." y, como no tengo previsto visitar Sudán del sur, tomo nota dele libro recomendado y y me imagino disfrutando de su lectura en las ya próximas vacaciones.
Un abrazo: emilio

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Estoy en ello. Todavía no lo he terminado, sobre todo porque últimamente no estoy leyendo mucho, aunque sea una de mis pasiones.
¡La vida!.
Cuenta el periodista, también, el paso por el lago Tana, por Etiopía, y de ese país si soy conocedor. Algún día visitaré el Sudd, lo intuyo. Está en mi cabeza.
Un abrazo, Emilio.

Carlos el viajero dijo...

Si lo recomiendas tú, seguro que será buena elección. Si, los nombres de los países los puso al igual que al hacer las fronteras, el hombre blanco. No creo que lo que necesite el continente negro es más barreras ni si quiera en sus nombres. Habrá que visitarlo ¿no? Saludetes :)

efurom1 dijo...

PD. En una lista de libros recomendados, dividida en varias secciones, el libro de Aldekoa está en primera posición entre los recomendados para viajes: http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/libros-recomendados-5629841