A este viajero insatisfecho le gusta viajar a
África sin comodidad alguna, al menos no muchas, y disfrutar sin las ataduras
que le incomoden o le dirijan. África de por sí es un terreno indirigible y
moviéndose a su compás se hace uno más africano. Con la traba de la compañía,
el grupo o el vehículo, quizás, este solitario mochilero sentiría coartada su libertad. La compañía, el
grupo o el vehículo propio no son africanos, no van con el espíritu africano.
Y piensa en el viaje
a Mozambique, en las reincidentes averías de los transportes públicos y las
vivencias dentro de cada uno de los medios elegidos. Sin duda alquilar un
vehículo permitiría ahorrar tiempo y visitar más cosas, daría una comodidad
durante el trayecto. Generaría el inconveniente de la propia seguridad para
salir airoso de complicadas situaciones que devienen de la convivencia real con
el personaje local. Viajando en grupo obviaría el trato con personas que identifican al
blanco como diferente aún viéndole sufrir como ellos, por ejemplo, en el engorro
de una avería en bus.
A mitad del trayecto
entre Beira y Quelimane, ciudades de Mozambique,
el autobús pinchó. Durante el trasiego inevitable del cambio de ruedas, le dio
tiempo a pasear unos cientos de metros por los alrededores. Solitario, mirón,
curioso y precavido para no alejarse mucho de la avería. A un lado de la
carretera, un niño con un fardo de leña seca en la cabeza le miraba, también
precavido para evitar cerca al extraño blanco que le inquietaba. Al avanzar hacia él, cuando creyó
que la distancia era corta y poco razonable huyó precipitadamente hacia las
chozas cercanas. Lentamente, para no levantar injustificados miedos, le siguió
hasta ellas. Allí, la madre alertada le recibió expectante.
- ¿Una foto?, le
salió al mochilero en tono suave.
Al iniciar el gesto,
otras mujeres sonrientes abandonaron sus chozas para unirse en grupo. Posaron
con naturalidad, vieron su imagen en la pantalla de la cámara y despidieron al
curioso con sencillez y agradables sonrisas.
Para sentir África,
hay que acudir a este vasto territorio con mentalidad de sencillas vivencias,
no con perspectivas de provechosa visita cultural. Uno puede llegar a
Mozambique a mamar la herencia portuguesa o a Ghana a desentrañar el escarnio
de la esclavitud pero lo debe de hacer sin el confort europeo. Con este yugo,
el visitante no estará en África, solo paseará por Mozambique o Ghana para
tirar fotos, protegido por el parapeto del mundo occidental del que no acaba de
desprenderse.
¿Cuándo se quitará el yugo o apartará el
parapeto? Cuando sepa sufrir la sufrida vida africana y ver en ella un motivo
de movimiento y no de parálisis.
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