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8 de junio de 2013

Los yugos en África


A este viajero insatisfecho le gusta viajar a África sin comodidad alguna, al menos no muchas, y disfrutar sin las ataduras que le incomoden o le dirijan. África de por sí es un terreno indirigible y moviéndose a su compás se hace uno más africano. Con la traba de la compañía, el grupo o el vehículo, quizás, este solitario mochilero sentiría coartada su libertad. La compañía, el grupo o el vehículo propio no son africanos, no van con el espíritu africano.
Y piensa en el viaje a Mozambique, en las reincidentes averías de los transportes públicos y las vivencias dentro de cada uno de los medios elegidos. Sin duda alquilar un vehículo permitiría ahorrar tiempo y visitar más cosas, daría una comodidad durante el trayecto. Generaría el inconveniente de la propia seguridad para salir airoso de complicadas situaciones que devienen de la convivencia real con el personaje local. Viajando en grupo obviaría el trato con personas que identifican al blanco como diferente aún viéndole sufrir como ellos, por ejemplo, en el engorro de una avería en bus.
A mitad del trayecto entre Beira y Quelimane, ciudades de Mozambique, el autobús pinchó. Durante el trasiego inevitable del cambio de ruedas, le dio tiempo a pasear unos cientos de metros por los alrededores. Solitario, mirón, curioso y precavido para no alejarse mucho de la avería. A un lado de la carretera, un niño con un fardo de leña seca en la cabeza le miraba, también precavido para evitar cerca al extraño blanco que le inquietaba. Al avanzar hacia él, cuando creyó que la distancia era corta y poco razonable huyó precipitadamente hacia las chozas cercanas. Lentamente, para no levantar injustificados miedos, le siguió hasta ellas. Allí, la madre alertada le recibió expectante.
- ¿Una foto?, le salió al mochilero en tono suave.
Al iniciar el gesto, otras mujeres sonrientes abandonaron sus chozas para unirse en grupo. Posaron con naturalidad, vieron su imagen en la pantalla de la cámara y despidieron al curioso con sencillez y agradables sonrisas.


Para sentir África, hay que acudir a este vasto territorio con mentalidad de sencillas vivencias, no con perspectivas de provechosa visita cultural. Uno puede llegar a Mozambique a mamar la herencia portuguesa o a Ghana a desentrañar el escarnio de la esclavitud pero lo debe de hacer sin el confort europeo. Con este yugo, el visitante no estará en África, solo paseará por Mozambique o Ghana para tirar fotos, protegido por el parapeto del mundo occidental del que no acaba de desprenderse.
¿Cuándo se quitará el yugo o apartará el parapeto? Cuando sepa sufrir la sufrida vida africana y ver en ella un motivo de movimiento y no de parálisis.


Copyright © By Blas F.Tomé 2013

2 de agosto de 2008

Ahí va

Hace unos días el viajero insatisfecho hizo una entrada sobre un árbol por el que sintió absoluta curiosidad. Un árbol que observaba cuando circulaba por una de las muchas carreteras africanas, en concreto, mozambiqueñas. Aparecía insistentemente en el centro de los poblados que veía rápido al pasar en el bus.
Decía entonces, al tener la oportunidad de observarlo de cerca: “Intentó informarse y preguntó a las mujeres que salieron tímidas al encuentro.
No hablaban portugués. Ni con gestos lograron entenderse
”.
Como si fuera un experto periodista, citó la fuente (las mujeres) pero no la mostró.
Ahí va.
(Ellas posaron con mucha amabilidad para la fotografía. Con la misma, es expuesta).
Copyright © By BlasFT 2008