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5 de octubre de 2017

Cómo visitar una mina de cobre en Uganda

El 'boda-boda', con las instalaciones de la mina de cobre al fondo

Había llegado a media mañana a la ciudad de Kasese, procedente del PN Queen Elisabethy no quería perder el día haciendo nada, o relajado, o tomando cervezas. Para alejar estas posibilidades, ojeó el libro-guía, ‘la Bradt’, donde leyó algo alrededor de una mina de cobre cercana. No se le ocurrió mejor cosa que hacer. Contrató un ‘boda-boda’ (moto-taxi-de-paquete) regateando en exceso el precio, más tarde se arrepentiría, y se lanzó por el valle arriba hacia Kilembe, una pequeña población entre montañas donde se encontraba la mina. Su pretensión era curiosear por el lugar, jugando a imaginar que la mina podía ser un vestigio de una civilización antigua ya extinguida. Por supuesto, no era así.
El ‘boda-boda’ le acercó hasta la misma puerta del recinto donde un vigilante les daba la bienvenida. Bueno, el vigilante y una inmensa valla publicitaria del presidente ugandés Museveni, sonriente durante una pasada visita. Hasta allí pretendía llegar, nada más, pero todo se desenvolvió de manera diferente. El vigilante le propuso visitar su interior y él, curioso, aceptó. Era necesario pedir permiso. Le llevaron por unos pasillos de un bloque de oficinas, todo aparentemente abandonado, y pasó el filtro, primero, de una gorda secretaria negra, simpática y sonriente; luego, un joven chino, nada sonriente, con pinta de asistente de jefe que le interrogó por sus intenciones (“solo conocer la mina”, contestó) y, finalmente, el jefe: un chino de edad similar a la del mochilero, que le tendió la mano, le saludó y sin más dio autorización para la visita.
Este fue el comité de bienvenida.
La pequeña ciudad de Kilembe, en realidad, fue fundada en 1950 para dar servicio a esta mina contigua de cobre. En la actualidad, sigue siendo un lugar extrañamente distorsionado por el tiempo, salpicado de edificios de estilo de los años 50, la mayoría de los cuales sobrevivieron aun siendo dañados por la avalancha de rocas durante una inundación del río Nyamwamba, en 2013. La mina, ahora cerrada, estaba programada para reabrir bajo una nueva administración, la china (de ahí que la autorización para visitarla viniera de un chino), en 2016. Este mochilero después de un recorrido por las instalaciones puede asegurar que esta mina de cobre aún permanece en la intrigante situación de cerrada.
El vigilante/guía en un inglés pausado -el viajero insatisfecho lo necesitaba para al menos intentar comprender algo- le explicó los puntos más destacados del proceso y le acercó al lugar donde únicamente se observaban edificios ya oxidados por su falta de uso. También, a las dos bocas de la mina con su circuito de agua que aún perduraba, aunque sucio, al paso del tiempo. Para acercarse a las instalaciones mineras era necesario cruzar el río que había producido en el pasado aquella desgracia por un alto puente metálico. Conociendo como conocía la descomunal fuerza del río, lo cruzó un tanto inquieto. Luego ya, la mina en sí.
Al finalizar la visita, se preguntó, y ahora mismo también lo hace ¿qué hacía un leonés en una mina de cobre, actualmente en manos chinas, con la cantidad de naturaleza y experiencias que desbordaba el país, Uganda, por todas sus esquinas?

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