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4 de octubre de 2013

El chicle maya

El guía turístico que acompañaba a la pequeña expedición a Chichén Itzá era, según dijo él mismo, 80 por ciento maya. Bajo de estatura, con el pelo ligeramente rizado (cualidad rara entre los mayas) y con una bonita voz (según ecos cercanos), vestía un pantalón corto hasta la rodilla y se ocupaba del grupo con exquisita educación y respeto. Con un cierto tono de broma, a veces, en sus explicaciones, pretendía -cree que lo logró- hacer ameno el trayecto hasta las ruinas mayas. De toda la información desplegada, y fue bastante, el viajero insatisfecho se quedó con lo más anecdótico y curioso.
En la región sureste de México, es decir, en Yucatán, donde floreció la civilización maya, había un árbol llamado “chicozapote”, al que los mayas solían hacer cortes en la corteza, en zigzag, para que fluyera la savia y permitiera su recolección. Se colocaban unos recipientes debajo para que ésta cayera dentro de ellos. A la savia de este árbol se le sometía, a posteriori, a un proceso de ebullición, filtrado y secado para convertirla, al fin, en goma de mascar. Los mayas la usaban para limpiarse los dientes, inhibir el hambre o, simplemente, como entretenimiento. Esta ha sido la manera de fabricar chicles desde hace muchas décadas, si bien en la actualidad se hace también, de manera general, con una base de plástico neutro llamado acetato polivinílico.
Buena noticia para la salud de estos singulares árboles.
La palabra ‘chicle’ proviene de la lengua maya que significa ‘boca(chi) y ‘movimiento(cle), o sea, boca en movimiento.
[Del mismo modo que Chichén Itzá, significa ‘boca (chi) del pozo (chén) de los brujos del agua (itzá)’].
El árbol 'chicozapote'

Copyright © By Blas F.Tomé 2013

13 de septiembre de 2013

Los ‘falsos sacerdotes’ de Kukulcán

El templo de Kukulcán

Esté donde esté un viajero en el Yucatán mexicano nunca olvidará visitar una de las joyas del imperio maya, Chichén Itzá. O tal vez, si, pero luego no podrá decir que es un viajero 'trágalo-todo'.
Es tal la trascendencia que tiene el nombre de estas ruinas que el topónimo de la población aledaña, a unos centenares de metros, podríamos decir que ha sido absorbido. Tanto, que el viajero insatisfecho al escribir estas líneas no recuerda ni cómo se llamaba.
Lo más impresionante del enclave: el templo de Kukulcán, la archiconocida pirámide escalonada.
Escuchaba al guía desde el primer momento con gran atención, pero según iba desglosando la sabiduría maya y el antiguo ceremonial de los sacerdotes del dios que presidía el sitio, Kukulcán -una representación maya del Quetzalcóatl de la cultura tolteca- iba recordando la película Apocalypto, de Mel Gibson. Si bien, en su momento, recibió las críticas por parte de los descendientes mayas hoy vivos, estos mismos (guía oficial incluído) al explicar las ruinas cuentan la idéntica o similar historia que merodeaba en el guión de aquel denostado film.
En el recorrido por Chichén Itzá, el guía recalcaba mucho la sonoridad del lugar, que fue utilizado por aquellos antiguos sacerdotes, elevados a la categoría de dioses, para domeñar al ignorante pueblo maya, repartido por toda la selva colindante; hablaba de los sacrificios humanos como una manera de infundir miedo en sus súbditos o enemigos, y del conocimiento astronómico de los grandes próceres mayas para dominar con sus prediciones (momento ideal para la siembra, o de la cosecha,….) al resto del ‘populacho’.
Y de esto, también hablaba la película de Gibson.
Pero las patrañas que aquellos sacerdotes del dios Kukulcán difundían a su pueblo continúan. Para mantener al turista dentro del círculo de viajes organizados, a precios de hurto, por una determinada agencia, también los guías turísticos mexicanos de hoy en día utilizan la mentira, el engaño y el miedo para captar o dominar al visitante foráneo en los hoteles, sin tener en cuenta el daño que con ello causan a su hermoso país, propagando supuestos peligros en el exterior del hotel, donde el extranjero sólo encontrará un pueblo encantador y simpáticas gentes.
¡Sean malditos!.
Copyright © By Blas F.Tomé 2013