El templo de Kukulcán
Esté donde esté un
viajero en el Yucatán mexicano nunca olvidará visitar una de las joyas del
imperio maya, Chichén Itzá. O
tal vez, si, pero luego no podrá decir que es un viajero 'trágalo-todo'.
Es tal la
trascendencia que tiene el nombre de estas ruinas que el topónimo de la
población aledaña, a unos centenares de metros, podríamos decir que ha sido
absorbido. Tanto, que el viajero
insatisfecho al escribir estas líneas no recuerda ni cómo se llamaba.
Lo más impresionante
del enclave: el templo de Kukulcán, la archiconocida pirámide
escalonada.
Escuchaba al guía
desde el primer momento con gran atención, pero según iba desglosando la
sabiduría maya y el antiguo ceremonial de los sacerdotes del dios que presidía el sitio, Kukulcán
-una representación maya del Quetzalcóatl de la cultura tolteca-
iba recordando la película Apocalypto, de Mel Gibson. Si bien,
en su momento, recibió las críticas por parte de los descendientes mayas hoy
vivos, estos mismos (guía oficial incluído) al explicar las ruinas cuentan la
idéntica o similar historia que merodeaba en el guión de aquel denostado film.
En el recorrido por Chichén
Itzá, el guía recalcaba mucho la sonoridad del lugar, que fue utilizado
por aquellos antiguos sacerdotes, elevados a la categoría de dioses, para
domeñar al ignorante pueblo maya, repartido por toda la selva colindante;
hablaba de los sacrificios humanos como una manera de infundir miedo en sus
súbditos o enemigos, y del conocimiento astronómico de los grandes próceres
mayas para dominar con sus prediciones (momento ideal para la siembra, o de la
cosecha,….) al resto del ‘populacho’.
Y de esto, también
hablaba la película de Gibson.
Pero las patrañas que
aquellos sacerdotes del dios Kukulcán difundían a su pueblo
continúan. Para mantener al turista dentro del círculo de viajes organizados, a precios de hurto, por una determinada agencia, también los guías turísticos
mexicanos de hoy en día utilizan la mentira, el engaño y el miedo para captar o
dominar al visitante foráneo en los hoteles, sin tener en cuenta el daño que
con ello causan a su hermoso país, propagando supuestos peligros en el exterior
del hotel, donde el extranjero sólo encontrará un pueblo encantador y simpáticas
gentes.
¡Sean malditos!.
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