Cataratas del Niágara
Así
definiría, ahora, aquella visión de las cataratas del Niágara el viajero insatisfecho. Pero ¿por qué ‘niágara’?.
Lo mismo que ocurría con las famosas cataratas Victoria del río Zambeze,
llamadas por los locales Mosi-oa-Tunya, que significaba ‘el humo que truena’, este salto americano del ‘Niágara’ venía a significar, en la lengua iroquesa, ‘trueno de agua’. Similar ¿no?.
Este famoso salto no era de los más altos del mundo, según el libro-guía, ocupaba el puesto 50 a nivel mundial, pero sí el único con semejante caudal de agua. Según este mismo libro “de día y de noche, y en cualquier época del año, las cataratas impresionan: 12 millones de visitantes al año no pueden equivocarse” (o sí, añadiría).
Y sí, hacía un espléndido día (aunque por un momento y a primeras horas de la mañana, lo enturbiaron unas tímidas gotas de agua), cuando el autobús que les trasladaba desde Toronto estacionaba en un parking cercano al salto. Sorprendían los 4 o 5 rascacielos que acampaban al lado -hotel Marriot, incluido- ¿Qué hacen estos ‘mamotretos’ asaltando la belleza de la naturaleza?. Pues sí, así es y será -supone- el carácter de este pueblo americano. ¡Qué más da que sea canadiense o estadounidense a la hora de encontrar negocio! Con aquella impactante catarata, el espectáculo estaba servido.
Masa de gente en las cataratas
Y sí, hacía un espléndido día (aunque por un momento y a primeras horas de la mañana, lo enturbiaron unas tímidas gotas de agua), cuando el autobús que les trasladaba desde Toronto estacionaba en un parking cercano al salto. Sorprendían los 4 o 5 rascacielos que acampaban al lado -hotel Marriot, incluido- ¿Qué hacen estos ‘mamotretos’ asaltando la belleza de la naturaleza?. Pues sí, así es y será -supone- el carácter de este pueblo americano. ¡Qué más da que sea canadiense o estadounidense a la hora de encontrar negocio! Con aquella impactante catarata, el espectáculo estaba servido.
El
trayecto de Toronto a las cataratas no era muy largo. En términos turísticos,
la visita era ‘de un día’. Sin equipaje (la mochila, aún la tenía SwissAir) el mochilero leonés no se
complicó la vida. En el hostel en que se hospedaba en Toronto contrató el
billete de un bus-tour que le
llevaría y le devolvería a la ciudad. Al redil. No era muy temprano cuando abandonaba
el hotel, sobre las 9,30 de la mañana. El bus iba cargado hasta su último
asiento, aunque teniendo el destino y los movimientos del día ya definidos, la
preocupación era mínima. Se dejaría llevar. Entre otros movimientos, estaba la posterior
visita a un viñedo y recorrido por ‘Niagara
on the Lake’, población ésta cuidada de manera exquisita con sus casas totalmente
reformadas, sus paseos y calles ajardinados y ‘maquillados’ al gusto turístico.
A destacar, el hotel Prince of Wales,
con su exterior cuidado en exceso e, imaginaba, interior con gusto ‘vintage’.
La
excursión desde la salida era cómoda, con un alto para repostar el cuerpo, y
parada casi al mismo borde las cataratas. El propio conductor y guía, después
de admirar aquella maravilla desde arriba, organizó a los presentes que
quisieran un ticket para el barco que
llevaría a los turistas al mismo borde del salto, donde el agua rompía. Y este
leonés se apuntó, previo pago de 20 dólares, según cree recordar. Con el débil
chubasquero que le regalaron se mojó hasta las trancas pero disfrutó de esa
cercanía de las aguas y del bullicioso e impactante ruido del salto. No duraba
mucho la experiencia, alrededor de veinte minutos, pero no se arrepintió de
haber hecho un poco el turistón y
llevarse el placer. Un descanso al finalizar este recorrido en barco para el almuerzo
y el relax. Esto le llevó a Clifton Hill, una calle cercana ocupada por un sinfín de
señuelos artificiales para turistas. Entre otros: House of Frankenstein o Castle
Dracula. Una calle con poco estilo y hortera a rabiar.
¡Cosas
de los americanos!.
A
este mochilero no le gusta el vino pero también se visitaba uno de los muchos
viñedos que hay por la zona y se sometió sin remedio al mandato del tour. No estuvo mal sino fuera porque en
este tipo de citas siempre prevalecía el mercadeo atroz.
Regresaron
a Toronto cuando el sol ya había caído, con la sensación de haber realizado una
visita sin contratiempos y afable.
Y esto era mucho.
Y esto era mucho.
Viñedos
Calle de la población 'Niágara on the lake'
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