No
sabe realmente qué puede interesar a los viajeros o turistas del Buddha
Park: una serie de esculturas de Buda y otras deidades del hinduismo,
malas, de materiales baratos, relativamente modernas y rodeadas de un jardín
cuidado, pero tampoco espectacular. Una especie de parque de atracciones, pero
sin espectáculos vivos y móviles.
No sabe qué resulta interesante de semejante acopio de figuras y tallas de diferentes tamaños. No sabe, pero fue a visitarlo. Se dejó llevar por otros visitantes que estuvieron antes. Realmente no lo recomendaría. Está a 25 kilómetros de Vientiane, un trayecto que no se le hizo nada largo. Tomó un autobús (cree recordar que era el número 14) en una estación que no recuerda, cerca de Talat Sao, e hizo el trayecto como si fuera un laosiano más.
Una
ostentosa puerta de entrada, en la solicitaban el pago del reglamentario ticket,
daba acceso al recinto. A la derecha según se accedía, todo el conjunto de
estatuas de diversas divinidades del hindú, entre ellas, Visnú, Siva y un gran
Buda reclinado de unos cuarenta metros.
El
paso de los años se mostraba en el deterioro de algunas tallas y de alguno de
los asientos dispuestos allí para la contemplación del recargado espectáculo de
deidades. Deterioro producido, supuso, por las condiciones climatológicas de un
país húmedo y lluvioso. A pesar de las críticas, no consideró perdida la
mañana. Al fondo un recinto de oración, y el río y sus orillas, con algunos campos labrados y
preparados para ser sembrados de arroz.
Ah!
y, por supuesto, un restaurante típico laosiano, donde aprovechó el viajero insatisfecho para libar (sin
ser una abeja) el néctar (o jugo) de un coco natural.
¡Buenísimo!



