En la izquierda de la foto, el puente alemán de 1903
El viajero insatisfecho nunca se acostumbrará a la corrupción
generalizada, a las corruptelas cotidianas o a las ‘mordidas’ ocasionales, dependiendo por dónde mueva su cuerpo. En
África esto ocurre, no sabe si puntualmente o de manera generalizada. Bueno, si
sabe y, depende del estado de ánimo, lo puede catalogar de una manera u otra.
Pero, también, al iniciar un viaje nunca vislumbra lo que se podrá encontrar
¿algo generalizado? o ¿algo puntual?
En esta visita a Camerún la
sorpresa fue, en este sentido, un tanto mayúscula. Por las carreteras
‘pululaba’ el ejército, la policía y la gendarmería. Demasiados ‘vigilantes’
para las carreteras de un país que, si bien no estaba tranquilo, tampoco era en
extremo peligroso. Moviéndose como se movía el mochilero en medios de
transporte locales, la aventura de los traslados se convertía con el paso de
los días en un pequeño suplicio de paradas, extorsiones, controles y 'mordidas'. No las sufría en sus carnes, pero
si lo apreciaba en los movimientos del conductor por un lado y de los
‘vigilantes’ por el otro.
Ante la cantidad de paradas y controles,
comenzó a observar con más detenimiento lo que ocurría en los mismos y, en
alguna ocasión, llegó a observar cómo el conductor, al recoger de la guantera la
documentación del vehículo que tendría que bajar y mostrar a los gendarmes, a
la policía o al ejército, colocaba dentro, sin disimulo, un billete de 2000
cfa’s (unos 4 euros) o 5000 (unos 9 euros). Cuando regresaba, a veces con
cierto disgusto, tiraba la documentación de nuevo en la guantera. En ella, con
seguridad, no volvía el billete allí aireado. En un viaje de 4 horas
perfectamente podrían sufrir media docena de controles, arbitrarios, rutinarios
y recaudatorios, unos propiciados por el ejército, otros por los gendarmes o
policías. Si tuviera que hacer una afirmación diría que ‘todos sacaban tajada’.
De Kribi a Douala,
el autobús que le llevaba atravesaba por la ciudad de Edea y, precisamente, el
libro-guía decía algo parecido a ‘una vez pasado Edea, se ve a mano
izquierda un imponente puente colonial alemán de hierro de 1903 que, a pesar de
su pésimo estado de conservación, sigue en pie’. Una vez llegó el autobús a la
ciudad se preparó desde su asiento para hacer la foto de rigor al susodicho
antiguo puente alemán. Inmediatamente después de haber tirado la fotografía a
aquella obra de ingeniería alemana, de la parte delantera del bus llegaron
recriminaciones por el acto. Por la foto.
Este visitante no supo nunca,
ni lo sabrá, cómo se habían enterado los de delante del hecho.
Transcurridos unos dos o tres
kilómetros del puente, el autobús paró. En el vehículo entró un joven militar
con su rifle en ristre que se dirigió directamente al ‘blanco’ y le conminó a
descender del autobús. Entre una rápida palabrería en francés, le confiscó la
cámara de fotos y le indicó la dirección a seguir.
‘¡No hablo francés!’, ‘¡no
entiendo!’.
Fue inútil, descargaron su
mochila grande de los bajos del bus y le hicieron regresar ‘de paquete’ en una
moto al puente alemán, escoltado por la moto del soldado camerunés.
El autobús continuó su ruta.
Ya, de nuevo, en el inicio del
puente, descendió de la moto y se acercó (obligado) a la garita de vigilancia.
‘Está prohibido sacar fotos a
este puente’, ‘seguridad nacional’, y le enseñaron un minúsculo cartel que lo
apuntaba. Imposible apreciarlo a todas luces desde el interior del vehículo en
el que viajaba. Les enseñó la foto, que le hicieron borrar, conseguida desde el
autobús con la cámara, una instantánea del puente de deficiente calidad.
Charla en francés, que no
entendió, al menos, del todo y, para finalizar, el soldado fusil en ristre le
hizo el internacional movimiento de solicitar la correspondiente ‘mordida’ (frote del dedo índice y pulgar),
mientras, le amenazaba con llevarlo a la gendarmería. ‘Money’, decía de manera insistente.
El pequeño y breve intercambio
de frases (el viajero hablando en español y el soldado en francés, en una
conversación, sin duda, de ‘besugos’)
terminó cuando el ‘blanco’ sacó los 6000 cfa’s que tenía visibles en la cartera
y se los entregó. El mequetrefe quería más. ‘No llevo más. Voy a Douala
y, hasta llegar, no tengo más’. Ante la intervención de otro personaje, allí
presente, pareció desistir. El estafado viajero enojado le dijo, entonces, algo
al ‘soldadito’ aunque no pareció importarle. Y en inglés, entre cabreado y
sumiso: ‘¿ahora puedo sacar una fotografía del puente?’. El superior, vestido de
paisano, que estaba allí con el soldado, lo autorizó.
Hizo la fotografía que acompaña a este ‘post’.
Hizo la fotografía que acompaña a este ‘post’.
Copyright © By Blas F.Tomé 2019