Leer
guías de viaje es un placer porque transforma la planificación en parte de
la aventura, permitiendo soñar y anticipar el destino, descubrir su cultura e
historia, y encontrar inspiración, ya sea a través de guías tradicionales,
blogs o literatura de viajes, lo que expande el viaje más allá del entorno real
y verdadero, y enriquece la experiencia general.
Hasta
aquí, lo bonito.
Para
el viajero insatisfecho no es lo importante
prevenir aventuras, anticipar experiencias y saborearlas antes de haberlas
mordido. Prefiere ir con los ojos vendados, con algún resquicio de claridad. Y
recuerda el libro “Corazón ligero”. El escritor y doctor en Filosofía, Antonio
Fornés —a quien tuvo el honor de conocer en las reuniones viajeras de Altafulla—
propone en este ensayo (podría convertirse en “libro-almohada” de cualquier
curioso) una lúcida reflexión sobre el acto de viajar como vía de crecimiento
espiritual. El viaje no es algo programado, es algo que te hace crecer cuando
lo has experimentado. El autor quiere introducirse en el ambiente expedicionario
como “un pardillo”, como viajero nada ortodoxo, pero apunta consideraciones de
gran peso: “los verdaderos viajeros parten por partir, con el corazón ligero”, y
se pregunta en qué consiste la auténtica aventura.
En su opinión no se trata de realizar andanzas fuera de lo común o vivir mil peripecias complejas, sino de hacer algo más simple y radical: salir a la ruta que tiene el componente real de vida. No pretende simplemente explicar al lector mil y una curiosidades exóticas de los sitios que ha visitado, sino que va mucho más allá: contempla con ojos de filósofo el paisaje físico y humano de cada territorio para abordar cuestiones que trascienden la experiencia viajera. Sus estancias en lugares tan dispares como el Kurdistán, Namibia, Irán, Etiopía, India o Nepal se ven enriquecidas con reflexiones sobre la muerte, la intolerancia, la terrible herencia de la colonización o las influencias culturales. En el fondo, este florecimiento y beneficio es el fin del libro, y su resultado, una sorprendente mezcolanza enriquecedora, llena de energía y muy entretenida.
Los viajes, bien entendidos, son experiencias amplificadoras, ¿de qué?, del camino que cada uno elija en su paso por la vida.
Copyright © By Blas F.Tomé 2026

Bueno Blas, parece que en esta ocasión hemos coincidido en la fecha de publicación y en comentar un libro. Supongo que esta entrada la tenías programada para publicar en esta fecha, pues por lo que veo en las redes, todavía andas de viaje.
ResponderEliminarMe gusta que de vez en cuando publiques sobre libros. Así me pongo en contacto con autores que de otra manera no conocería. En este caso, ¿se trata más de un filósofo que viaja o de un viajero que filosofa?
Lo digo porque me parece que para hacer un viaje tienes que prepararte -la verdad es que yo tardé tiempo en darme cuenta-, pero no puedes ir con anteojeras.
Así, el viaje puede ser una experiencia amplificadora. Qué pena que millones de turistas que pululan por ahí no tengan esto en cuenta.
Un abrazo!
Si. Desde que salí de viaje (14 de enero), todos los "post" que saltan estaban programados. Y escritos.
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