16 de abril de 2016

Llegada a la isla de Lamu

Muelle de la ciudad de Lamu
El autobús dejó a los pasajeros en Mokowe, en el dique donde partían los botes hacia la isla de Lamu. Serían aproximadamente las cinco de la tarde. El viajero insatisfecho estaba cansado después de once horas de autobús desde Mombasa, gran parte del trayecto por carreteras sin asfaltar o, en ciertos tramos, con una especie de recuerdo de asfalto que generaba profundos baches. Al bajar del autobús comenzó la pelea de jóvenes por captar al cansado mochilero hacia la lancha rápida o hacia el más lento y tradicional bote. Se decidió por este último, no porque fuera más barato sino porque las travesías o viajes siempre decide hacerlos con el pueblo llano, con la gente humilde. ¡Ya tendrá tiempo de gastarse los euros en otro tipo de necesidades básicas!.
La isla de Lamu se veía a unos cientos de metros del dique nada más, pero para llegar a la ciudad y su dique de acceso era necesario bordear sus aguas unos cuantos kilómetros, unos cinco. El bote, atiborrado de pasajeros, semejaba una de las muchas pateras que salen en televisión. En la lenta espera hasta que el bote se hubo llenado, los operarios cargaron todo tipo de bultos y repartieron los siempre necesarios chalecos salvavidas. Este leonés, único blanco entonces, acaparaba las miradas del resto, en especial, de niños, siempre curiosos, y jóvenes. Se entretuvo filmando la estática escena con su minúscula cámara y, posteriormente, ciertas partes del trayecto. Sentía la tranquilidad entre los pasajeros, eso sí, pudo apreciar ciertas miradas que no mostraban mucho aprecio al saberse observados por la cámara que, por cierto, iba disimulada en extremo. Aun así no pasó desapercibida. Pero nadie franqueó más allá de esas miradas o se mostró molesto y contrariado en exceso.
El bote bordeaba lentamente la isla con ese ruido cansino de su pequeño motor. Hasta que apareció la ciudad de Lamu, la costa permanecía solitaria, sin atisbo de vida humana. Fue aproximadamente media hora de trayecto en el que, si bien se sintió examinado, tampoco dejó de hacer lo suyo: observar. La isla de Lamu era de mayoría musulmán, y así se apreciaba en el pasaje que se dirigía a casa, en especial, a las mujeres con sus llamativos trajes y discretos hiyabs/velos, y también, como no, en algunos hombres pertrechados con sus urdidos topis.
Cuando arribaron a puerto, su mente ya iba predispuesta para comenzar la batalla de encontrar una ‘guarida’ donde pasar la noche. Fue muy fácil. La escasez de turistas en la zona había bajado los precios y acuciaba a los propietarios para salir en busca de posibles clientes. Rápidamente encontró uno que le ofreció una ‘guest-house’ apropiada a sus requerimientos y condiciones. Y para allá se fue.
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Trayecto en barco, recorrido por la ciudad y sus angostas callejuelas, y alrededores:



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2 comentarios:

  1. Bueno, esta vez disfruto con tu concisa palabra en contraposición con tu extenso video. Pero ya sabes que no olvidaré esas miradas del barco ni los callejones de Lamu. Ahí hay algo indefinible que me toca muy cerca.

    Gracias y saludos.

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  2. Me alegro de que para este trayecto eligieras un bote tradicional...por los motivos que indicas. Entiendo que a algunos no le gusten las cámaras y que se sientan incómodos, aunque no sé si en esa incomodidad pueden influir también sus creencias religiosas. Un abrazo:emilio

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